Guía práctica para no acabar nada nunca

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Primero, levántese tarde, demore la ducha todo lo que pueda. Mire de reojo los rayos de sol que se filtran por la ventana de la habitación y envuélvase en su capullo de seda hasta que le duela estar acostado. Si por el contrario, se levantó a una hora decente, pruebe a encender la televisión. Dígase: un episodio de Friends de hace diez años no le hace daño a nadie. Expanda toda su humanidad en el sofá de la sala y vea cómo crece la planta del apartamento. Si no tiene televisión u olvidó pagar la suscripción, puede ordenar sus libros y revistas. Organícelos por tamaño…, no, por autor, o mejor por color; siéntase orgulloso de gastar tres horas, pero descanse de vez en cuando. Si no le place sacudir el polvo, intente con Internet. He visto a las mentes más brillantes de mi generación consumirse en la social media addiction; una inyección de facebookeina, un pase de twitteradona,  de instagramadol. Si es un consumidor poco habitual o rehabilitado, tiene la opción de la llamada de un amigo, él estará ansioso de esperar su llamada. Si no quiere llamar, puede ir de visita donde sus papás, o la suegra. Allí será bien recibido y puede que hasta le permitan retozar con su novia/esposa luego del almuerzo. Ya en la tarde, el abanico de opciones se amplía: un centro comercial abarrotado de gente con paquetes, la fila del cinema y el olor de las palomitas con caramelo, un parque de diversiones, cuenteros, ver la cocina de sus sueños en el Ikea, película repetida en los canales nacionales, fútbol… El hecho está en no dejar que el gusano del remordimiento haga mella hasta bien entrada la noche, cuando pase por el lado del estudio de su casa y vea a lo lejos esa guitarra casi nueva que no ha aprendido a tocar, ese proyecto de empresa que cayó en dique seco, el borrador inconcluso de la que pudiera ser la gran novela de la década, el CD del curso de inglés ahora como portavasos, el abdominador 3000 del que cuelgan calzoncillos húmedos. Todas las cosas que alguna vez empezó y la rutina y el cansancio han ido dejando atrás, y usted las mira con algo de pesar, y a veces quisiera retomar y demostrarse a sí mismo que no es solo un empleado más, un esposo más, un humano del que no se espera mucho, con tal que pague sus impuestos y no mate a nadie está bien así.

Alejandro Benito (cc by-nc-nd)

Fotografía de carabiru (http://bit.ly/1FfcCGh)

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