La cura para el odio

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El perdón, ese acto último, tan ligado con el altruismo y la humildad, ese desprendimiento de todo lo que uno es para cruzar a través del agravio, del dolor y del odio, y sobrevivir por virtud de la aceptación de que no es posible construir nada sobre la venganza o sobre el desprecio; ese salto al vacío con la esperanza de que más allá de donde no alcanzan a ver los ojos, no halla un abismo, sino la voluntad de corregir lo dañado, de sembrar donde solo quedó una tierra árida, de volver a aprender lo que se olvidó tras la ofensa, de enseñar también las lecciones de culpa, arrepentimiento y convivencia, para que no se repita o se caiga en el olvido. El perdón, ese acto tan difícil, que es dar el brazo a torcer y mirar a los ojos, de dejar de juzgar por un segundo y pensar al otro a la luz de algo más que no sea nuestra propia dignidad, sino la suya propia, de poner en esa misma balanza el principio elemental del diálogo (llevamos milenios intentando comunicarnos con la voz y la palabra escrita, y parece que es lo último que se nos ocurre usar), del respeto mutuo (esta débil humanidad nos hace capaces de lo más sublime, pero también de lo más horrendo) y la razón, quizás el objeto más preciado que tenemos, el único que nos puede salvar de nosotros mismos.

John Alejandro Benito (cc by-nc-nd)

 

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Un comentario en “La cura para el odio

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