Merecimientos

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Debiéramos dejar de lado la palabra merecer, no volver a conjugarla. Creemos que por hacer las cosas bien (¿acaso debiera ser de otra manera?) merecemos con ello el derecho a algo, así, de la nada, y que además podemos exigirlo; y si no ocurre, entonces se supone que es injusto, que está mal que no sea nuestro. Sigue leyendo

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Imprfectos

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Tenía once años cuando en una clase, no sé por qué razón, alguien hizo una pregunta acerca de la zurdera. La profesora, en lugar de dar una explicación más o menos coherente, como lo podría hacer para argumentar el albinismo o el distinto color de ojos en una persona, simplemente se limitó a decir que el mundo no estaba hecho para los zurdos. Para mí eso fue una terrible revelación. Sigue leyendo

En la vida real

Unos pasos delante de mí, sin que algo en particular los eximiera de la cotidianidad, me pareció que una pareja era distinta de las que a su lado iban, de las que conmigo se cruzaban, con sus conversaciones de siempre, sus sencillas palabras para con el otro. De repente estaba en medio de una escena digna de una película romántica, a la que asistía como un personaje accesorio, un don nadie que con su sola presencia hacía verosímil toda la historia. Sigue leyendo

Bogotá 2.0

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A veces, viendo los problemas que aquejan a Bogotá, me digo: deberíamos dejar lo que ya está como está, y abandonarlo. Buscarnos una extensión de terreno en la sabana y empezar de nuevo. Pero antes de empezar a poner el primer ladrillo, decidir cómo deben ser las autopistas, las avenidas, las calles principales y secundarias…, pero primero, cavar por donde deberá pasar el metro…, pero antes que eso, saber cómo llevar agua, luz, alcantarillado, recolección de basuras… Sigue leyendo

Desanudarse

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¡Ah!, el corte de pelo, parece un simple acto cotidiano, pero reviste una religiosidad crucial, casi una renovación. Cuántas veces se sale de allí con la sensación de haberse librado de algo, que al ver rodar los mechones por la capa hacia el suelo (y desconocerlos en el último momento antes de juntarse con el pelo de los otros), se liberan también las ideas embotadas, Sigue leyendo

La belleza

La Belleza

Me gusta la belleza sin motivo, esa que ocurre como por azar, no con la naturalidad de lo genuinamente bello, sino a pesar de eso mismo. Una que lleva consigo cierto desparpajo, cierto olvido no deliberado, puesto allí de una manera desprovista, como el rubor de algunas mujeres en la calle cuando van con apuro por llegar al trabajo en la mañana. Sigue leyendo

Los pasos perdidos

los pasos perdidos

Pensé que todo en mi vida se había ido al carajo cuando le pisé el pie a Adriana, bailando, un viernes de jean day cuando tenía once años; pero no, todo siguió igual, salvo que con ella no volví a hablar, me desterró de su vida, y a esa edad las decisiones son muy serias. Luego fue la profesora de danzas, con ese afán de armar las parejas a su gusto, de detener la música para proferir un grito y hacer que Diana, la incómoda pareja de turno, me mirara con cara de “la culpa es tuya, por venir a este mundo“. Sigue leyendo