Dos malas quitan una buena

A veces los errores hablan más por uno que los aciertos. Eres tan bueno como tu último éxito, tan malo como tu último fracaso. La tiranía del juicio de los otros es como una sombra que se ciñe sobre los más férreos cimientos, y no vale que la noche anterior fueras un héroe, al día siguiente puede que tengas que esconder tu capa y prepararte para recibir escupitajos. El ejército de la duda arremete entonces, lo que antes era cierto se tambalea, un asomo de mala racha se asienta en la comisura de los labios y no deja que tus mejores palabras salgan; empiezas a olvidar que alguna vez salvaste el mundo, que tenías una misión, unos secuaces por los que entregar la vida si fuera necesario y la horrible sensación de no saber cuándo recuperarás las fuerzas, y como en los cómics, te erijas en la siguiente viñeta para ocupar el lugar que te corresponde, por encima de tus propias derrotas.

John Alejandro Benito (cc by-nc-nd)

Ilustración por Jaded.Smithy (https://fanart.tv/movie/76170/the-wolverine)

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La bogotanidad

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Hubo un tiempo en que pensaba que lo bogotano —esa suerte de común denominador de sus habitantes, a veces muy a pesar suyo— estaba presente en su manifiesta desconfianza hacia sus vecinos temporales (en el bus, en la fila del banco, en los letreros de «cuide sus pertenencias» de todos los sitios públicos), y que más que ser los cretinos del país, nos asemejaba al sujeto formal y frío de los países nórdicos. Sigue leyendo

Biblioteca

 

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En ningún otro lugar me siento más bienvenido que la biblioteca. Allí de repente el ruido usual de la ciudad se desvanece, el tumulto de las calles y los autos torna en paisaje mudo a través de un cristal que no nos toca, el día deja de urdir su vaga indecisión de sol o lluvia, para tener la justa medida de luz, no tan alta como para herir la vista, ni tan baja que adormezca. Sigue leyendo

Bob Dylan

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Quién iba a pensar que esta noche cerraríamos los ojos pensando en Bob Dylan. Nada lo prepara a uno para tamaña sorpresa; lo mejor es que pensando pensando, se abre delante una puerta grandísima a ese genero literario, que son las letras de las canciones (y las canciones, claro), que no deja de ser también un elogio a las posibilidades de la palabra para la cultura que las habita (sus calles oscuras a horas temerarias, sus tiempos convulsos y opresores, su odio y su esperanza juntas). Sigue leyendo

Testamento

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Soy de esa horrible clase de gente que le pone una canción a cada persona que conoce, si me perdonan la frivolidad. No es una canción al azar, por supuesto, no es la primera canción que encuentro o la que a esa persona le gusta necesariamente; tampoco la que sonó la primera vez que nos vimos, o la que se llama como esa persona (¡vaya, no!). Sigue leyendo

Dicen

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Dicen que el fin de la guerra está cerca, que no hubo bando ganador, que ambos nos rendimos. Dicen que no se volverá a secuestrar y los pies volverán a caminar por las veredas sin el temor de estallar en pedazos. Dicen que se podrá ayudar al prójimo sin que haya represalias y volveremos a saludar a los vecinos, a invitarlos a una taza de café o un guarapo. Sigue leyendo

La cura para el odio

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El perdón, ese acto último, tan ligado con el altruismo y la humildad, ese desprendimiento de todo lo que uno es para cruzar a través del agravio, del dolor y del odio, y sobrevivir por virtud de la aceptación de que no es posible construir nada sobre la venganza o sobre el desprecio; Sigue leyendo